Tiempos de gozo, tiempos de vals PDF Imprimir Correo electrónico
Institucion - Temas de la Semana
Muchos adolescentes y jóvenes disfrutan en estos días, de la alegría y la dicha infinita de haber logrado finalizar una parte importante del camino de la vida, el que implica el estudio sostenido y sistematizado durante varios años, y que prepara sin dudas, para afrontar muchas situaciones, abona el camino para nuevos saberes y predispone para nuevos aprendizajes y conocimientos.
La escuela, con mayores o menores aciertos, continúa siendo el marco valiosísimo donde el niño y el adolescente pueden educarse, moldearse y adquirir los saberes mínimos que necesitan para continuar por otras etapas de aprendizaje. Poder haberla transitado con responsabilidad, respeto y compromiso, es un desafío que le compete no sólo a los educadores, sino a los padres y al alumno fundamentalmente, quien ya comprende cuáles son sus derechos y también cuáles son sus deberes, cuáles constituyen sus responsabilidades fundamentales en esa etapa de vida, que no lo eximen de otras de orden laboral o familiar que pudiera tener.
En un tiempo que vacila entre la indiferencia, el egoísmo y el desgano, poder inculcar en los jóvenes estos valores que atañen a su dignidad como ser humano, es un reto que debe alumbrar las conciencias de los educadores -padres y docentes- para que los jóvenes puedan insertarse en la sociedad con un espíritu más solidario, más sensible a los problemas de los demás, más comprometido con lo que los rodea.
Esto no se construye de un día para el otro, se edifica lentamente con los cimientos del amor, el ejemplo de los adultos, la solidaridad evidenciada en actitudes concretas y el trato respetuoso entre todos.
Se edifica desde la comprensión por las necesidades y características propias del adolescente, pero con la mira puesta un poco más allá: en el hecho cierto de saber que son, cada uno de ellos, espíritus que pueden mejorarse, que tienen sus capacidades y en cierta medida depende de todos, poder contribuir a enriquecerlas o no.
Es tiempo de proyectos, de cambios importantes que atañen a nuevas posibilidades de estudio o trabajo, pero también procuremos que sea un tiempo para el análisis reflexivo individual y familiar de lo que se hizo, de lo que se podría haber hecho, de la necesidad de trazar un plan futuro que contemple las necesidades de otros seres del entorno, la situación económica de la familia, la vocación, y tantos aspectos que hacen a la construcción de un proyecto de vida.
Pero intentemos fundamentalmente, que no falte en él, la atención a lo espiritual, al cuidado y la preocupación por la familia -incluso si las situaciones de vida requieren una distancia física-, el agradecimiento por todo lo que se tiene, la valoración por el esfuerzo sostenido de los padres u otros adultos por facilitar la proyección de cada uno en lo laboral o en la preparación académica.
Este análisis sincero y valorativo de las circunstancias de vida de cada uno, acondiciona al joven a ingresar mejor preparado espiritual y emocionalmente, a otra etapa de vida, lo dotarán de más fuerzas para sus propias luchas, y en el contacto a nivel de pensamientos y sentimientos que mantenga con sus seres queridos y con su Espíritu protector, encontrará la lucidez y la fortificación para enfrentar sus propios desafíos.
Acariciemos hoy este instante, este tiempo de vals, pero levantemos también la mirada de los jóvenes que transitan por esta etapa y enseñémosles a ver el futuro como sendas que conllevan la esperanza, el optimismo por un proyecto de vida construido sobre el trabajo, el respeto por todos, la comprensión y la solidaridad que enaltece el corazón.
 

 

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